En tiempos de bonanza económica políticos y plebe nos entretenemos con cualquier minucia, lo único que hay que hacer es tener bien identificado a un malo a quien echarle las culpas de todo lo demás y dejar que se nos escurran las cortas vidas que nos ha tocado experimentar. En la diana imaginaria de nuestra mente colocamos al primer Ben Laden que pase, o a toda una nación de peligrosos fundamentalistas palestinos y nosotros -y nuestros "políticos"- nos dejamos llevar por sesudos debates, algunos históricamente argumentados otros pasionalmente desarrollados con mediática verborrea. Cuando nos cansamos de arreglar el mundo buscamos la mierda en nuestro país y se nos llena la boca de ETA, por ejemplo, o del vecino del cuarto, cuando la introspección nos lleva a la necesidad de tener un malo en nuestra comunidad de vecinos. Da igual, el Mal de turno tendrá la culpa del fin del mundo o de que se nos quemen las judías. Ya sea Hussein, Bush, Arafat, Aznar, Ibarretxe o el concejal que se fue de putas con los dineros del pueblo.
Es fácil. Y es conformista. Dónde quedó el niño que todos llevamos dentro y que a sus cinco años preguntaba "¿por qué?". El Porqué de las cosas no vende y el Cómo mejorarlas no interesa. Cuántas veces habremos escuchado a algún amigo frases del tipo "No hay ni uno bueno","Este año no voto, o voto en blanco", "Son todos un atajo de sinvergüenzas". Por qué son así los políticos? porque les dejamos serlo. Porque nuestra democracia es tan joven que arrastra adjetivos como rojo o facha que son los verdaderos protagonista de nuestra escena electoral. Las propuestas, las medidas y contramedidas... son totalmente secundarios. Y la inmensa mayoría de nosotros -demócratas- no somos mucho más que un club de fans de un signo político, como lo somos de nuestro equipo de fútbol. Todo lo que hace "el otro" es basura y la única solución es la nuestra. Menuda mierda.
3 décadas de democracia y seguimos igual. No fue hace 30, fue hace 300 millones de años cuando la grande y libre se desquebrajó. Pangea se convirtió en los actuales continentes como España se convirtió en un conjunto de autonomías -o Reinos de Taifas, como le gusta decir a mi amigo Lolo- Podemos asumirlo y seguir construyendo? o debiéramos dar un golpe de estado y volver atrás? Lo que no podemos hacer es llamarnos demócratas y opinar como dictadores. Es muy difícil trazar líneas que delimiten territorios, costumbres, lenguas. A los más radicales españolistas habría que hacerles ver que por qué no europeístas o imperio-universalistas... puestos a añorar una grande y libre por qué no dar rienda suelta a nuestra nostalgia y rememorar al gran Felipe II y su "imperio sin luna" ¿no? Pero para los nacionalistas también hay ¿dónde nos paramos en la defensa de nuestra cultura? qué, a quién y a partir de qué línea incluimos en nuestro particular conjunto? Nos ponemos firmes al oír Constitución, todos coincidieron y coinciden en que es el mejor punto de partida pero luego se avivan llamas de tiempos pasados "donde no pasaban estas cosas" o se arengan posturas de mayor escisión que nunca he sabido muy bien dónde acaban...
Si dentro del nuevo "país" escindido vuelve a haber grupos que reclaman su unidad y pureza como ente autónomo... tendríamos que consentir la independencia de otros pueblos o ciudades dentro del nuevo "país" y por qué no, de barrios "especiales" dentro de esas ciudades y ya puestos de casas particulares o de meros individuos que digan y digan bien, que ellos son únicos.
Seguimos jugando a lo mismo que jugábamos antes, al juego de la Derecha, la Izquierda y el Más Allá. Sólo que ahora somos demócratas, todo es legal y casi todos somos buenos.
Pero no pasa nada, como nosotros no somos extremistas, seguiremos determinando unos únicos culpables -jamás nosotros mismos ni los nuestros- y votando a quien defienda mejor los intereses del empresario o de los empleados sin entender que sin los unos no existen los otros y sin los otros los unos tampoco.
El día que aprendamos a estar por encima de tanta gilipollez, quizás consigamos que nuestros políticos propongan soluciones a los problemas, votándolas con cabeza y no con el color del escaño que ocupa su culo ni con la compra de votos de grupos enteros a cambio de favores en esas autonómicas que están al caer, en las municipales de turno o cualquier otro trapicheo "legal". Nada de ir en piña, cual hooligans, que los votos en contra dentro de un mismo partido y que los votos a favor de propuestas de otros partidos sean lo más normal del mundo, nos convertiría en una verdadera democracia y no en una imberbe democracia de colorines.